Amor eterno

 

-Te querré siempre- dijo,

aunque no sé

si te querré todos los días.

 Justo Navarro

Cuando en el año 2001 leí el siguiente párrafo de la la arrolladora nouvelle de Houellebecq Ampliación del campo de batalla, no pude evitar pensar en mis padres:

Marthe y Martin llevan cuarenta y tres años de matrimonio. Como se casaron a los veintiuno, resulta que tienen sesenta y cuatro años. Ya están jubilados o a punto de estarlo, según el régimen social que se aplica en su caso. Como suele decirse, van a acabar su vida juntos. En estas condiciones, está claro que se forma una entidad “pareja”, pertinente aun fuera de cualquier contacto social, y que en algunos niveles menores llega a igualar o a sobrepasar en importancia al viejo gorila individual. En mi oponión, podemos reconsiderar en este marco la eventualidad de dotar de sentido el término “amor”.

El 27 de Marzo del 2011, mis padres cumplen 53 años de matrimonio. Desde el día de su boda conservan la figurilla de los novios que aparece en la imagen; la cual, en 53 años sólo ha sufrido una fisura: se me calló al suelo cuando yo tenía 9 años, es decir, en 1977; el pie del novio se fracturó.

 

 

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